Tandém.

Pañuelos de espuma cobijan

los sueños maternos

de viajantes antiguas.

Secan los ojos negros del mar,

que suele llorar despedidas.

Vueltos orquesta,

afinan mis latidos:

¡Silencio en las piernas!

En la arena me arrullo,

Diminuta e inexperta.

Mil aldeas lejanas son mi techo,

mil antorchas flamean a sus puertas.

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