217 728 000 latidos, aproximadamente

Porque no seré vencida mientras no me resigne a dejar soñar. “La resignación es un suicido cotidiano“, decía Honoré de Balzac.

     “-Si Oscar Arias se puede jactar de algo, es de haber hecho mierda a este país. Y bueno también comprometió a buena parte de la región Centroamericana.” Así dijo papá, mientras esperábamos que la luz del semáforo cambiara de rojo a verde. Me siento orgullosa de él, orgullosa de saber que también nota que las cosas no están bien y que existió la posibilidad de que fueran diferentes. De que existe. Recuerdo cuando veíamos juntos los debates por Canal 15 o Canal 13 y le traía El Semanario a la casa para que lo viera en ratitos libres. Una de mis alegrías y satisfacciones más grandes llegó el día que me dio la razón. Valía un carajo lo que más de un patético “columnista” “reconocido” tuviera que decir entre “mentiros@s”, “alarmistas”, “chancletud@s” –gracias, muchas gracias– “come niñ@s” y otra serie de disparates propios de quien ve amenazados sus argumentos y recurre a la técnica del troll (recuerde, no los alimente.) Ese día, uno de los seres humanos a los que les debo la existencia, compartió criterio conmigo. Arias podría decir “misa”, ya sumaba yo una victoria. La más valiosa.

     Recientemente empecé a leer “Oscar Arias: el verdadero” de Álvaro Montero Mejía y entre palabras suyas, palabras de Flora Fernández y otras que van apareciendo en la lectura lo confirmo: me guardo el “Don” para los señores que me inspiran respeto y se me viene a la mente el “SatanArias”, de Potenzoni. Me llama la atención un evento que desconocía y que se narra en dicha obra. Tras el cierre del programa de radio “El Diagnóstico“, un grupo de ciudadanos y ciudadanas se reunió, cada lunes por dos años, frente a la casa del ex presidente en reclamo por la violación a la libertad de expresión: 72 576 000 latidos, aproximadamente (por persona). Luego llegó Crucitas, y en la prensa internacional se le mancharon de tinta a la paloma de la paz, las alas. Y cuentan fuentes que saben, que eso sí que le dolió.

     No llegaron los BMWs pero sí más problemas. Lo que se advirtió del debilitamiento de las Instituciones se refleja en la CCSS y el ICE, que ahora también se entrega y considera la explotación geotérmica en Parques Nacionales “porque hay que generar más energía” (¿A dónde va toda la energía? ¿Satisface cuáles necesidades? ¿De quiénes?), igual con el caso del Diquís ¿Y el SIEPAC? ¿Esa era la visión que queríamos para el ICE? Yo defendí a un ICE sin máscara de SIEPAC ¿Qué pasó? ¿Y el Rincón de la Vieja mientras salen en los medios los candidatos presidenciales a decirme que se puede “sustituir con ecosistemas equivalentes?” ¡Al menos dense una vuelta por el Parque si me van a salir con otro Domingo 7! Ah, mira…

     Algo si continúa moviendo Arias entre sus promesas y el es Aeropuerto del Sur, muy a pesar de las personas que viven ahí y de la riqueza VIVA de la Península de Osa. Dicen que viene aterrizando ese proyecto con fuerza también ¿No era que ya no gobernaba este “señor”?

     Ejemplos sobran. Vean a Colombia tirada a las calles por su TLC con EUA. Eso que ellos y ellas ni siquiera tuvieron chance de decir nada ¿Cuántos campesinos y campesinas reprimid@s, apresad@s y muert@s peleando contra la Norma 9.70? Y los gigantes de las semillas se soban las manos detrás de toda aquella escena. Mismos gigantes que apoyó Obama con la “Protection Act”, mismos gigantes que se verían beneficiados acá con la UPOV, mismos gigantes a los que actualmente el gobierno y el MAG quieren defender muy a pesar del 77% de los Municipios que se declararon “libres de transgénicos.” Todo está conectado. Hay que sacarse la maña de verlo todo en visión de activos y pasivos/ ingresos y egresos. Y es que en esto de las leyes, la economía reducida a las monedas, recuerdo a Álvaro Sagot cuando dijo: “Hay un aparato judicial miope – yo agregaría un sistema- que no conoce de ciclos vitales.

     ¿Qué solo EUA? ¿Que no me quejo de los otros TLCs? Claro que sí. Porque esa visión de libre comercio es una ilusión. El libre comercio es aquello que nos permite ir al supermercado a escoger nuestra marca de hongos… todos traídos de China. Hagan la prueba, al menos en un supermercado de acceso promedio. Digamos aquellos a los que podría ir a comprar el grueso de la población ¿Y los frijoles costarricenses? Ah no, gracias. Es que los traemos de China. Viajando 15 mil kilómetros, pero frijoles al fin y al cabo. Y para el propio: el hambre. Para el propio el desempleo, a menos que sepa “english” y sea bueno al teléfono. Y no tenga problema en contener la orina para el ratico dispuesto por el supervisor. Pero sea feliz, puede fumar en los “breaks” y cuando salga de ahí, disfrutará de un sexy “spanglish.” Así las cosas. Pero tan malagradecida, sí vean que belleza, ahora desde China nos entrenan también a la fuerza policial. Tenemos también Barrio Chino -para borrar la memoria del Paseo de los Estudiantes- que se inunda para darnos nuestra pequeña Venecia, y está adoquinado, como candidato presidencial de apellido Araya. “Mala mujer, malagradecida ¿No ve que van a exportar a China leche de Costa Rica y carnita de cerdo?” Claro, como los productores de leche y los de carne de cerdo en este país no tienen mercado. Y están urgidos. A menos que sea bajo el concepto irreal de crecer, crecer y crecer en divisas. Aunque los recursos del planeta tengan límite, por aquella “leyenda” que llaman Física.

     ¿Y el TLC con Canadá? Ahí tenemos a Infinito S.A., llorándole a las faldas del Banco Mundial, de la CIADI. Escudándose en la maravilla de los acuerdos comerciales. Pero bueno, eso a Osquitar le gusta, recordemos que declaró al Proyecto Minero Las Crucitas de interés público y conveniencia nacional, muy a pesar de los impactos socio ambientales de este tipo de proyectos en toda Latinoamérica, aunque la Justicia a veces parezca una ola que se quedó suspendida y simulara nunca querer terminar de caer y cobrarle a él lo dispuesto en los Tribunales -lo de quedarse en investigación es un colmo-, aunque a Jorge Chavarría le cueste aceptarlo.

     Han pasado seis años. Yo tengo un corazón WPW (Wolff Parkinson White) que a veces se me acelera de unas arrítimicas maneras y otras veces se me suspende a latir despacito cuando quiero detener el tiempo por momentos que quisiera congelar. Estos seis años habrá latido unas 217 728 000 veces. Estos seis años me he visto en las calles, en los foros, en debates, en familia, con amigos y amigas; nos hemos encontrado contra la minería, por la CCSS, por la telefonía nacional, contra Monsanto, contra la marina de Puerto Jiménez, prontamente contra la incineración, por los Parques Nacionales, por la Educación Pública…en fin ¿Se dan cuenta? ¿Se dan cuenta como esto no es ni de cambiar el casete, ni de pasar de página? Seguimos soñando otros mundos posibles: un mundo donde quepan muchos mundos. A mí recientemente me han contado el poder que se tiene al soñar, que ni durmiendo tenemos porqué estarnos quiet@s. Y eso y a quien me lo dijo, Señoras y Señores, yo lo creo. Se lo creo.

Sístole, diástole, sístole, diástole, sístole…

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