Condensaciones

Pintura al óleo de Héctor Campos. 1999

Pintura al óleo de Héctor Campos. 1999

Necesitamos condensarnos con la naturaleza para cambiar. Más allá de una premisa “light” de la moda verde que termina por teñirse de tendencia y no de transformación, es una necesidad vital. Lo estudiamos en el ADN, cuando para la reproducción de la unidad básica de la vida -de la célula- la cromatina debe transformarse en cromosoma para poder seguir el proceso. Esa identificación de las fuerzas, de las uniones. De miles de millones de unidades pequeñitas sumando a unidades más grandes y así al todo. Como si la fuerza misma del Universo se resumiera en los abrazos.

Hay demasiado ruido que quiebra. Que nos quiebra de nosotr@s, de las demás personas. Que nos pretende sacar de la matriz que componemos con lo que nos rodea. Que nos hace pensar que somos aislad@s. Necesitamos silencio, porque en el silencio podemos captar mejor las ondas de otros sonidos, de otros cuerpos, de otras voces. Del viento; por ejemplo ¿Cómo no aprender del viento? Nos hace conscientes de que el aire también es una masa y esa masa son partículas, con energías que las mantienen unidas, a pesar de que dicen que la mayor parte de lo que existe es espacio vacío ¿Cómo no hacerlo?

“-¿Cuál será la distancia entre las moléculas de agua en la neblina?” Estoy corriendo inmersa en esta humedad, nadando de noche a la luz de unos faroles de luz amarilla que quisieran querer calentarme el aliento. Si entre ellas hay espacio vacío y en medio mío hay espacio vacío ¿Qué me dice que ahorita no estemos diluídas –en alta concentración para no deshacerme, claro-ellas y yo? Voy a mi cuerpo, estoy llena de proteínas; las proteínas de enlaces de puentes de hidrógeno y así es cómo se abraza el agua también, a través de esos puentes ¿Será por eso que se siente tan bien ahora que llueve? ¿Será que me abraza la lluvia?”

Por eso estamos tan jodid@s: nos hemos privado en medio de los excesos en las tecnologías, la manía de producir y producir para acumular, las apariencias, las vanidades, los trajines, de los propios abrazos de la Tierra.

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