Contusión costal

No me parece que tenga fractura, por el tipo de golpe no creo que tenga fractura” – dijo la Dra. Vargas mientras me presionaba el costado con el mismo tacto que se revienta las bombitas de los plásticos utilizados para proteger electrodomésticos, bicicletas y otros menesteres, pero con la gran diferencia de que se trataba de mis costillas y de un dolor de las mil putas que no me había dejado dormir la noche anterior.

Eso sí, este tipo de golpes dura un poco en dejar de doler. Unas dos o tres semanas. De todas maneras, si estuviera quebrada no se le puede inmovilizar. No hay más que dejar que se vuelva a soldar“… ¡¿QUE SE VUELVA A SOLDAR?! Ella lo dice así como la gran gracia, como si mi cuerpo pudiera quedarse queditito como zapato con mezcla de cemento para pegarle la suela. “Pero le voy a mandar un anti inflamatorio“… A la puta, muchas gracias ¡Que botada! Pero bueno. Me resigno tratando de leer qué dice en la receta, pero al mismo tiempo decido que voy a proceder con los exámenes de rigor para ver si algo anda mal (o bien) y mucho carácter para respirar profundo y no hacer una mueca tan chistosa cuando el autobús cae estrepitosamente en un hueco de la calle y yo deseo clavarle las uñas al asiento de adelante como un gato en afilamiento. “Digna mami, digna“, son las palabras del inolvidable compañero de clase -Danny Fallas- quien nos dejó ese lección imborrable a una generación de futuras biólogas. “Digna mami, digna“, y yo siento que una astilla de hueso me va a perforar el pulmón o el corazón y entonces caeré con un gesto horrible al suelo.

Dejaré de lado el drama. Voy intermitente dándole la razón o no a la Dra.; de una noche maravillosamente dormida a una noche infernal. Voy alternando entre creerle a la señora o maldecir a la muy desgraciada, una bipolaridad sensorial peor que un desajuste hormonal por estrés. Pero va pasando: 8° día y no se me ha perforado nada aún. Es solo entonces cuestión de tiempo.

Para ponerme positiva decidí entender qué lección podría traerme esta contusión en la costilla. Primera una ENORME sobre mi fragilidad. Segunda, una muy realista sobre mi condición humana y tercera una sobre convivencia con los golpes. Ahondaré en esta.

Después de años Disney entre la adolescencia y la adultez, nos hacen pensar que entre las costillas y la cavidad abdominal tenemos algo así como un mariposario. En mi condición de estudiante de Biología me parece un poco más que tétrico imaginarme dentro mío la combinación de cedazo, fuentes de agua, especies de plantas hospederas, especies de plantas para forrajeo, crisálidas, huevos, frutas en un estado avanzado de maduración y demás implementos para el desarrollo de las mariposas. Mejor me pongo poética y me dedico a imaginar unas coloridas Morpho peleides revoloteando en una suerte de dimensión paralela en las entrañas -una donde la vida sería posible para estos Lepidópteros. Pero Disney nunca me contó de las contusiones intercostales, ni de las malas experiencias sin finales felices – y la vida, de un costalazo al suelo, vino a enseñarme. “No mamacita, los lepidópteros no viven en la panza -bellamente. Vuelan libres y ese tejido que usted tiene debajo de los senos y protegiéndole los órganos vitales puede doler mucho.” Así es la vida, puede doler mucho. A veces no nos cuidamos lo suficiente para evitar que así sea y si nos vamos de un sólo golpe al suelo, puede doler más.

Hoy sucede que me identifico muchísimo más con mi compañera diaria -la contusión de costilla- que con estos mariposarios viscerales. Cuando hablo de este dolor que hace que la respiración placentera sea para mí una nostalgia, hablo de un resentimiento del cuerpo que me hace identificar resentimientos del alma. Por momentos ni me entero de las costillas -cada vez menos con el paso de los días- pero un mal movimiento, una agitación al caminar demasiado rápido, darse vuelta en mitad de la noche y abrir los ojos con lágrimas y un madrazo en la punta de la lengua, a veces me lo traen a colación. Así me pasa con el alma, cuando me reprocho las deudas que me llevo, cuando quisiera ponerme una curita en el corazón y dejar de sentir ciertos miedos. Cuando quisiera abrazarme sola. Cuando punza el costado y me acuerdo de la caída que al despertar en el suelo me hizo sentir de manera inmediata el ardor y la hinchazón por debajo del pecho.

Eso sí, este tipo de golpes dura un poco en dejar de doler. Unas dos o tres semanas. De todas maneras, si estuviera quebrada no se le puede inmovilizar. No hay más que dejar que se vuelva a soldar

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Una respuesta a Contusión costal

  1. me encantó
    “Dejaré de lado el drama. ” “Cuando hablo de este dolor que hace que la respiración placentera sea para mí una nostalgia”

    Dejeoms que vuelva a soldar

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