Luces nocturnas

Una sábana extensa y tibia

De arena y marea;

Donde los que aman no duermen,

Donde las que nacen ebullen

Y las madres crean caminos.

 

Por dunas y charcos sembrabas vigilias;

Con el corazón dolorido

Al mirar cada saqueo.

Te miro en mis propias piernas

Porque sé lo que se siente

Esa rabia que recorre el cuerpo

Y cae ardiendo a las suelas.

Porque no es posible creer

Que bajo miles de estrellas

Ladren y muerdan

Los perros de la muerte,

Los capos de la noche,

La bala que calla

El rumor tumultoso de los grillos,

El silencio culpable

De “la gente que nos cuida.”

 

¿Cómo no extrañar esas luces en la noche?,

¿Esas huellas de guardián?,

¿Esa entrega valiente?

¿Cómo no me va a doler

El mensaje de alerta,

La advertencia constante,

La crónica de una muerte anunciada?

 

El Caribe húmedo y denso

No permita que se lleven en vuelo

-Ni las gaviotas, ni los huracanes-

Tus reclamos contundentes.

Que caigan como lluvia omnipresente,

Que laven de sangre la playa,

E inunden hasta hundirse los barcos

De quienes trafican la muerte.

Que la única en caer sea

Rotunda,

Redonda,

Inerte;

La sucia impunidad:

Cómplice burlista,

Excusa negligente.

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