Vientre de Protesta

Pintura de Joel Kelly

Prólogo: Léase como un “Derecho al Delirio

Pocas cosas en este mundo “chambón y jodido” más tercas que la vida misma; más insistentes. De todas partes parece emerger, incluso de las grietas en las aceras quebradas o en forma de mancha de moho en alguna pared tristona y fría. Desde insectos que han resistido a bombas nucleares hasta frágiles gigantes azules que nadan como sirenas titánicas con cantos de magia y misterio en lo profundo del mar; como suspendidas en un sueño.

Pensemos ahora en un vientre. Un vientre humano. Un vientre de mujer. Abordemos el caso de una niña o un niño creciendo fuertes; pensemos en una situación ideal, de esas que cuesta encontrar en estos tiempos de incertidumbres. Una vida que se desarrolla de las más básicas formas celulares hacia brazos, piernas, ojos, un cerebro, corazón; hasta convertirse en un gran-bultito en esa zona de confort y tibieza, esa por debajo de los pechos y sobre el monte de Venus, donde tiende una a llorar cuando es pequeña – o no tanto- abrazada del cinto materno ¿Lo recordamos? ¿Hemos acunado a alguna otra persona en ese mismo espacio pretendiendo guardarlo en nuestro útero, cuidándolo de tanta violencia externa, meterlo en ese mundo aparte que puede ser una mujer? Porque embarazadas o no, somos guardianas de vida. Me hace pensar en la imagen anterior, regresar a la idea del canto de las ballenas, del fondo marino, del mundo de agua: algo así debemos tener por dentro.

Días atrás una de mis amigas de tiempos de adolescencia parió a Sebastián. La acompañé en una ocasión a un curso de preparación para el parto y debo confesar que me asustó un poco y me maravilló estar en un espacio con treinta embarazadas más (SÍ, TREINTA.) Me sentía en algún mundo paralelo. Le temo a la maternidad, pero no deja de parecerme un asunto intrigante. Prefiero definirme por ahora como “observadora social” de lo que la acompaña o “curiosa transeúnte”, admirar su belleza implícita. Creo que quizá esa experiencia de compartir con ellas dos horas, para salir luego al mundo de los bancos que acaparan la riqueza, del planeta que se calienta, de la lucha anti minera, de los corruptos que gobiernan, de la violencia al indígena (ni que decir si es LA indígena), el abandono al campesino, la derecha golpista, la riqueza de pocos, el hambre de muchos, el mar llorando petróleo, ríos siendo represados -aunque no haga falta, homofobia, machismo, racismo, xenofobia, desaleteo de tiburones, comercio brutal y sin contemplaciones y otras muchas manifestaciones de la perdida del sentido humano, me marcó. Agregaré además el nacimiento de Sophie en Chile, que sobra decir que está en pie de lucha por la Educación Pública ¿En qué época les tocó a estas criaturas nacer? “Guatitas valientes” podría decir su mamá chilena desde el Sur.

El caso es que el embarazo y la mujer son revolucionarios; y sobre todo la combinación. Pensemos por ejemplo en el cambio de las formas. Si una busca imágenes de “vientre” en un buscador de Internet, encontrará como mayoría vientres perfectos, planos, super delgados y marcados. Nada que se parezca a una mujer embarazada. Complicada cuestión entonces la decisión de ser madre -por convicción y por amor- sabiendo que se va a romper esquemas. A pesar de que los pechos se vayan a ver modificados por la gravedad y quizá algunas estrías, decidir embarazarse. No es fácil aventurarse en tal tarea a menos de que sea por amor y mandar al carajo todos los estereotipos de belleza comerciales que abundan, porque a las mujeres nos tratan también de meter a diario en la cabeza que tenemos que cumplir con estándares de calidad para ser “aprobadas”. Los medios de venta, los medios de producción funcionan para estructuras de tallas pequeñas y ciertas proporciones; no admiten la variabilidad: ni de las formas, ni de las etapas de la vida.

La resistencia es cosa de cada día. La violencia siempre presente. Desde los agroquímicos que podrían estar ingresando al cuerpo de la madre, el hambre en muchas de ellas, metales pesados en el ambiente, aire cargado de tóxicos, agentes cancerígenos y otro sin fin de productos del desesperado afán de maximizar lo que se pueda extraer en ganancias de la tierra, nos agreden desde que estamos en el vientre. Y sin embargo el proceso sigue, sin embargo el parto llega; para seguir luchando. Me quedo corta en citar situaciones, quizá podría describir las más afortunadas pues no puedo hablar de muchos casos de tristeza o sufrimiento pues no las conozco tan cerca, aunque sé que existen. Para darnos alguna idea, imaginemos lo que es un embarazo en África, donde el hambre y la violencia son voraces gigantes, donde las violaciones caen como los segundos sobre los párpados, donde no hay casi ni agua, donde 22 millones y medio de personas están infectados por el SIDA,  ¿Cuántas desde antes de nacer?

Me cuestiono qué será de todos los embarazos que ahorita están en el mundo ¿Sentirán las madres temor?, ¿Tendrán la compañía de su pareja u otros seres queridos?, ¿Qué pensarán de las condiciones actuales del Planeta? Ya ven porque me asusta el embarazo. Tanto que pensar, tantas responsabilidades y en este mundo “patas arriba” donde unos pocos se creen con el derecho de abusar de los recursos solo porque pueden pagarlos, donde es más “violento” protestar que ser un político que promueve e instaura sistemas de hambre, explotación, muerte y frialdad. Creo que por estos pensamientos fue que una vez tuve un sueño donde tenía un bebé y una luz blanca enorme; algo así como la luz de la ceguera que describe Saramago en Ensayo sobre la Ceguera, nos comía a los dos. Yo doblé todo mi cuerpo sobre el niño, como queriendo devolverlo al vientre, resguardarlo. Era pequeñito, pequeñísimo, y esa luz más grande que los dos juntos. Entonces desperté.

Aunque muchas mujeres quizá ni se percaten de la locura del mundo, hoy veo en cada vientre, a pesar de las condiciones de cada caso -dignas de abordarse en otros textos por lo complejo de cada historia- espacios de protesta.

Sé que probablemente los obstetras me regañen por esto, pero algunas de las imágenes más cautivantes que he visto en las protestas es a mujeres embarazadas mostrando sus vientres. Por ejemplo, en el caso de los días previos a las elecciones en el maltratado México y el reclamo por un cambio urgente en su situación, una joven llevaba pintada en su vientre desnudo la frase: “Exijo salir a un país mejor.”

De momento no me concibo como madre. Puedo definirme como maternal; pero eso es otra historia. Reitero que soy “observadora social” o “curiosa transeúnte” del fenómeno, pero si alguna vez llego a tomar la decisión de ser madre, mi vientre será espacio de protesta. Mi pancarta más querida; le daría voz a ese ser que viene para que reclame lo que merece: “Venir a un mundo mejor.”

No está el mundo para que vengan así las niñas y los niños, falta mucho o mejor dicho mucho está mal repartido, pero van a seguir viniendo; así que habrá que seguir luchando. Hay quien pueda pensar que es violento protestar con un embarazo, pero como he leído en algunos espacios: “No es violencia, es resistencia.”

El cuerpo, MI cuerpo, este espacio como mujer. Esta que es apenas una estructura, un vehículo, una fachada. No soy madre, y estoy muy remota a serlo, pero si me preguntan,  con un vientre también protestaría: lo luciría como un hermoso mensaje viviente. De momento, sin embarazo ni planes cercanos -quizá ni remotos- me queda clara una cosa: Para la próxima manifestación donde intenten callarnos o no nos dejen llevar pancartas o carteles, ni siquiera cartulinas, me pintaré el vientre…los brazos, la cara ¡Lo que haga falta! Embarazadas o no, madres o no,  parejas o no; somos reclamos vivientes: como los cantos de las ballenas en los fondos del océano, alcanzando espacios más allá de lo que vemos.

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2 respuestas a Vientre de Protesta

  1. Angie dijo:

    Ana….qué bueno que te animás a escribir sobre este temón, es complejísimo el asunto. Me motivó a escribir, ¿sabés? Y en cuanto tenga un tiempito me siento y escribo., pues coincido en mucho de lo que decís, a mi modo, como compañera que soy, por decisión, de un niño pequeño al que decidí traer a nuestro planeta.

    • Calliphlox dijo:

      Gracias por tomarse el chance para leer Angie. De corazón que era importante para mí conocer la opinión de alguien como vos. Siempre bienvenida de regreso a mi blog. Cualquier comentario o sugerencia sobre esta publicación es más que bienvenida. Saludos

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