Reticencia

      Es justo así. Como estar en la fila de aquella montaña ocre a la orilla del oceáno. La brisa fría, la tarde ténue. A lo lejos, islotes azules que encierran canciones y tiempo. Y ahí, en esa cresta de piedra y antaño estás quieta. Las manos abajo, la vista tranquila; quizá un poco triste, o talvez nada más cansada. Es como si ya no pesarás nada, no pesara tampoco el canto del gallo a las espaldas…talvez solo la sombra, que quisiera acostarse un rato a ver pasar las golondrinas desde el suelo. Pies descalzos besan arraigados el polvo. ¡Como si besar las piedrecillas sueltas entre los secos granos de sal y tierra fuera dulce! Casi las 3a.m. del viernes y te acordás de aquella canción de Serú Girán…”Bang, bang, bang…”. Hojas secas; marchitas…al menos eso indica que ya no están sangrantes y la blanca leche de sus tallos descansa inerte. Pero indica además otra cosa, esa sensación de deriva, de ausencia total de raíces. Ya no se pelea arraigada al tallo contra el viento; nada más se le sigue hacia la dirección propia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s