Cantando el Parque


     Non-grato es aquello que incomoda pero lo que hacemos escaso no lo es tanto. Un poco fría la grada de la Iglesa donde me siento; un poco fría la noche.

    
     Sobresale de tanto murmullo de selva gris el cantar de una fuente. Parece detener el tiempo; el agua cae y el tiempo se detiene, se estanca suspendido en ese crujir que abriga. Constante, constante y sutil. Caen las gotas a la charca de concreto y me traen recuerdos de un bosque tapizado. El sonido cruje como roedor crepitante por el suelo; como serpiente en seductor pase. Evoca la memoria del agua que de verdad fluye; del riachuelo libre y salvaje sin fronteras.
     Algo ha cambiado. Ya de pronto estoy tan sola sin los tres malabaristas que jugaban con Tiersen. El acordeón que cantaba a Yann ya se marcha. A quizás dormir, a quizás comer. ¡¿Qué más da?! Igual me hizo feliz cuando, de cuando en cuando la fuente se quedaba muda y la melancolía perfecta y taciturna del “Valse de Amelie” me rebotaba entre las paredes de un corazón ciego. Me atrapó en cada acorde, en cada nota; la sinceridad de sus bajos, la picardía de sus tonos agudos. Entre ” El Valse de Amelie” y notas impertinentes producto de la sabia improvisación me transportaron a aquellos parajes de Amelie Poulin, de Francia en Otoño, de lago con lluvia.
   Un pito descarriado, y otro, y otro más…una soldadora gritona que a pesar de ser las 7 menos 5 destruye armonías y ese taconear…de mujeres, de jóvenes y un grupo de tennis que me asusta un poco porque se apremian demasiado a mi cercado invisible. Justo antes de que escape de tanto rumor: ¡Risas y preguntas!…y un par de palmas. ¡Que maravilla! …¡AÚN GRILLOS en medio de esta ciudad!, que hallazgo más fortuito. Creo que antes, quizá nunca, los había atrapado entre las campanillas de mis oidos confundidos de todos los parloteos.
Vuelvo a escuchar las llaves de hace un rato: la misma pareja que pareciera flotar.Miran a unisono el templo; daría la idea que comparten además del mismo compás, el mismo par de ojos. Y flotando callan las llaves que bailaban en la cadera de él, y él, quizá soñaba a cada paso con las caderas de ella. De nuevo las risas de los muchachos, y las múltiples tennis apenas perceptibles ahora que he visto que no traen en sus ojos maldad. Las campanas: Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete. No llegó mi colega del juego de pool de esta noche. Aunque de pronto algo molesta por un perfecto golpe de taco que se escapó dando saltos de la ventana del pool, me reintegro pronto y le agradezco su ausencia. No escuché su voz pero tuve una charla deliciosa con su entorno. Ya cae la puerta metálica del negocio de la esquina; quizá ahora caiga también mi pluma… (Pasos…)
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