Pulsátiles.

La piel es una nébula.
Un corredor de estrellas pulsátiles;
La lluvia su espejo fragmentado,
Su imagen una córnea convertida en puerta.
Pide silencio:
Un LA sostenido en la voz de una ballena,
El ladrido de un perro a unas cuarenta cuadras.
La piel revienta, se inflama;
Supernova azul que consume deseos,
Aguacero absoluto.
En cada poro y cada peca
Es cosa de gravedades.

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“-Pocosol, Pocosol.”

“-Ese que está soplando es el Sur Managua.”

     Dijo uno de los muchachos mientras las nubes –casi burlonas- dibujaban rizos y palomas sobre las brasas ardientes que pintaban de negro la parcela que Don Santos decidió quemar para convertir en un ayotal. Algunas gotas subversivas se arrojaron al suelo y a nuestras caras, pero no bastó para detonar en un aguacero. No aún al menos.

     Un día antes sucedió el incendio. Los muchachos terminaban de ingerir el último bocado del almuerzo cuando en un instante: la prisa, levantarse de la silla, recoger la comida para los compañeros que estaban en el campo y encaramarse con una habilidad para la que quedé corta; de la manera más rápida en el camión amarillo, que luego volaría por la Interamericana Norte a toda velocidad, como un caballo galopando sin ningún amarre: “- El incendio está en Parque.” “-Sector Guayabales.” “-Se está poniendo fea la cosa.”

     Cuando llegamos la “charralera” de Bomberos de Costa Rica estaba ayudando en el sitio, mientras otros de los Bomberos Forestales del Área de Conservación de Guanacaste, estaban también en pleno control del fuego. El sol estaba alto todavía, el almuerzo quizá iba a la altura del pecho. Calor, sudor, humo, cenizas. De pronto somos una colmena; un hormiguero. Todo está sucediendo en Guayabales…pero nunca hay que asumir que no surgirá una llamada de emergencia de cualquiera de los otros sectores del Área. La alerta es permanente, como en los Seres del Bosque que cuidan de sus vidas.

     Poco a poco se va avanzando en el terreno, las llamas se convierten en humareda pero la ceniza sigue saltando, picando en la garganta y en los ojos. Cada paso para avanzar es un paso para levantarla, pero más adelante hay más llamas, y el borde del bosque no puede correr. La tarea del control del fuego simula ser como la de quien cuida con abnegación la fiebre del paciente, con el objetivo claro de resguardar su vida.

      Conforme el bosque está más cercano y el calor poco a poco se disipa, se escuchan no tan lejos los toledos, algunos soterreyes, pecho amarillos y varios otros pájaros. El bosque es un abrazo que refresca del voraz incendio y que con sus quebradas invita a continuar trabajando. Johnny me pregunta si alguna vez he bebido de una quebrada, ya no lo recuerdo, apenas recuerdo la sed. Pero confío.

     La calma llega con las vísperas de la noche. Subimos a una loma Colitín, Johnny y yo a cuidar el sinuoso danzar de una columna de humo, pues en un arrebato de brisa corre el riesgo de volverse a inflamar. La bruma gris pareciera el negro suelo disolviéndose hacia lo alto. Un paisaje nostálgico y hermoso nos convierte en miniaturas en una postal. Somos tres puntos amarillos en una montaña de rocas enormes, con la cordillera verde y vibrante a nuestra izquierda y un mar de cenizas negras al otro costado. El sol parece haberse tragado las llamas del suelo, y entre rojo incandescente y rosado intenso se debate entre colores. El cielo, totalmente  anaranjado pareciera soplarnos encima un suspiro sostenido y somos otra vez niños pequeños cuando al fondo, quizá apenas ascendiendo la montaña, un jaguar ruge repetidamente, desperezándose del calor; al menos por hoy, a salvo.

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Vecino jaguar, vecino puma.

Artículo publicado también en Contexto.

Curiosidad, creatividad y cooperación; una historia de comunidades muy gatas.

     Jaguares y pumas son transeúntes frecuentes de sus caminos, las tareas cotidianas comienzan antes de la salida del sol y en medio de reuniones comunales, un semillero de inquietudes y propuestas germina, impulsado por la fertilidad que parece venir de la misma tierra que sus pobladores y pobladoras recorren. Sí, leyó bien. Jaguares y pumas: hablo de comunidades que conviven con felinos silvestres.

     San Jorge de Bagaces, San Antonio de Siquirres, Patastillo de Guatuso y Dos Ríos de Upala, conforman el cuarteto protagonista de un proyecto piloto para la convivencia con felinos silvestres, que nació en varias comunidades del país que viven el conflicto de la depredación de ganado por parte de jaguares y pumas en Costa Rica. A través de la facilitación del Programa Gente y Fauna (Asoc. Confraternidad Guanacasteca), y durante un taller desarrollado en las instalaciones de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica en el 2015, personas de diferentes comunidades rurales que conviven con felinos definieron qué incentivos podrían mitigar el conflicto y generar nuevas oportunidades enraizadas en la conservación, la identidad, la vida silvestre y la acción comunal. El plan de incentivos pretende transformar a los jaguares y pumas en activos valiosos para las comunidades, y en motores de desarrollo local.

     Tras meses de reuniones con DINADECO, MINAE, FONAFIFO, CORFOGA y otras instituciones, el plan piloto ha llegado a un momento crucial: año 2017. Durante enero y febrero, las propias comunidades han fechado los pasos a seguir para que esta empresa se vuelva realidad. ¿Qué incentiva a una comunidad a convivir con felinos silvestres aún cuando —por ejemplo— puede haber perdido mascotas o animales de producción en un ataque de un jaguar o de un puma? Las mujeres y hombres para quienes los jaguares y los pumas son vecinos cercanos al salón comunal, la cancha de fútbol y su propio patio, lo plantearon y ahora lo quieren corroborar.

      Asistencia técnica, pago por producción de biodiversidad y la creación e implementación de un sello verde, constituyen los incentivos que este año y el siguiente serán probados por las comunidades. El Programa Gente y Fauna será el eje coordinador, pero la propuesta —en manos de vecinos y vecinas de cada una de estas comunidades— es de corazón local. Visitando estos sitios no es extraño que las anécdotas de cruces de caminos con jaguares y pumas sean abundantes. Mientras muchos investigadores e investigadoras de felinos silvestres tardan en ocasiones meses o años sin observar a los felinos directamente, las personas locales de estos sitios, comparten entre chota y curiosidad sus encuentros. Desafortunadamente, también comparten las historias acerca de mascotas que estuvieron y no están más por haber pasado a ser como llaman ellos y ellas, “el almuerzo del gato”. Tampoco es extraño que uno que otro patrón rayado aparezca en el lomo de alguna res o algún caballo sobreviviente a un ataque de jaguar o puma, que dejó sus uñas dibujadas para sorpresa y preocupación del dueño o dueña del animal.

     “Cuando estos muchachos llegaron y juntaron a este montón de campesinos en un aula de universidad y los pusieron a plantear ideas, pensé que era una burla; me enojé muchísimo. Luego entendí que buscaban saber qué pensaba realmente la gente…y lo consiguieron”. Así se expresó Leyla Campos —dirigente comunal de San Jorge de Bagaces— en una de las reuniones con el Programa Gente y Fauna, cuya iniciativa parecía para muchos al comienzo una verdadera locura, y que ahora los mismos vecinos y vecinas han moldeado, han vuelto propia y—como científicos y científicas populares— se disponen a probar.

     Comunidades decidiendo, construyendo, poniéndose de acuerdo. Soluciones desde quiénes se enfrentan día a día a un problema. Creatividad, curiosidad y cooperación. La prueba piloto en Costa Rica para el manejo comunitario de jaguares y pumas mediante incentivos para la convivencia viene de la gente, y es la gente su energía y motivación.

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Un árbol que crece poco hace ruido.

El silencio es un arquitecto
De ventanas que dan al sueño.
Mece las cunas,
Calma las aguas,
Nace en abismos marinos
O en las cumbres nevadas.
A veces espejo,
Otras una daga.
Algunas otras un refugio
O una marcha pausada.
El silencio se niega
Pero una que otra jornada
Se sacude el abrigo;
Se convierte en Palabra.

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Lo que sigue

Naciendo la noche encontré
En un regazo un abrazo,
La plaza y la lluvia,
El pasto y la tierra.
Cerré los ojos,
Fui pequeña.
Dejé del café el último trago,
Leí su historia.
Dijo su aroma que vendrá el Sol;
Vendrá en las alas de mil palomas.
Traerá danzas de pies descalzos.
Cantarán los niños lo que les venga en gana.
Traerá el Astro muchas semanas,
Trazos de viajes,
Gotas del mar,
Pelícanos kamikaze,
Nubes para armar.

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#EspectáculosNaturales

espectaculos_naturales

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Petricor

La humedad anuncia que lo tomará todo

Y los pájaros cortan las nubes,

Escapando en vuelo.

El sudor resbala por el vientre

Para sumarse al asalto.

Antes que el agua llega el silencio:

Sólo susurra la voz del trueno

Y el aire que peina las hojas y el pelo.

Tras la sensual tensión revienta todo

Y las gotas secuestran a besos el suelo.

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